viernes, 29 de enero de 2010

El trinar ruidoso de un nuevo día


En ocasiones toca mirar hacia arriba, conversar con la tristeza que aparece de pronto disfrazada de eventualidad. Existen muchas maneras de vencerla, una de las más importantes es recordar las cosas buenas y bellas en cuánto se hace presente. Recordar los momentos alegres, los instantes en que la risa es abundante, luego regresa la calma, la paz al espíritu. Así los recuerdos no hacen llorar y el silencio recobra el trinar ruidoso de un nuevo día. Otras maneras son la esperanza, que es como un antídoto que sirve para mantenerla a distancia y la música que aunque sea capaz de evocar ausencia y compañía a la vez, ayuda a apurar el paso, dejarla atrás, hasta que la acumulación de gratas vivencias haga que se desvanezca. La tristeza es una pausa, un trámite disfrazado de permanencia.

domingo, 3 de enero de 2010

Con el efluvio de un hechizo


Solo en el silencio del mar se puede escuchar el lenguaje de las olas, sin esfuerzo alguno, cruzar el valle fecundo de la vida sin pararse a pedir nada. Siempre persiguiendo la quimera de una estrella dorada que con el caudal de su luz, riegue la sal de la magia. Eternos caminos que se cruzan, se alargan, se desvían, se acortan, se desvanecen, se pierden en lontananza con el efluvio de un hechizo, dejando un pentagrama tejido de vuelo de aves. En la indetenible ronda de la vida, mientras en la arena se escribe un suspiro, allá en el horizonte se dibuja una sonrisa.