miércoles, 29 de febrero de 2012

Sencillamente inevitable




No se puede apreciar el sol si no se es capaz de ver su reflejo en todas las cosas. No existe ningún lugar donde se mire, donde no se pueda encontrar. Durante el día, en el agua estancada se refleja el mismo sol que nace en el horizonte, reflejos detrás de las hojas, se cuela por las rendijas de las ventanas sin pedir permiso y a veces se esconde en un lecho de nubes. Es capaz de abrazar la Tierra, el mar y el desierto a la vez. Su luz es infinita, todo lo abarca, es sencillamente inevitable.