sábado, 31 de agosto de 2013

A veces el tiempo




A veces el tiempo deja de correr y se aprende que no hay brújula ni reloj que pueda con el destino. Si no se tiene nada, se camina con mayor ligereza, aunque la indiferencia se manifieste, sabemos que el horizonte no está ni cerca ni lejos, sólo hay que alcanzarlo. Aunque no haya alas para alquilar y se sueñe en vigilia, se busca estar a salvo antes de que las nubes oscurezcan. Se posee la certeza de que desde cualquier lugar del mundo se puede ver la luna y el viento se deja escuchar. Y es entonces cuando toca alejarse para que nadie tenga que huir, sabiendo que la distancia no se mide en kilómetros sino en lejanía o cercanía del corazón. Siempre hay un amanecer para quien sabe esperar toda una noche.